No hay verano sin helados. Ni playa sin carrito con su heladero. Es el mágico lugar en el que los niños se agolpan a por su ración de azúcar refrescante diaria, pero no es fácil complacerles. Fíjate en los bocadillos del tipo de helado que quieren y prepáralo. ¡Rápido, la paciencia de un niño se agota muy rápido!